
Paca Saraiba muere a los 99 años sin el ADN que identificaría a su padre fusilado
Francisca Saraiba Acedo, conocida como Paca, ha fallecido a los 99 años en Cádiz sin haber conocido si los restos recuperados en el cementerio de Jimena de la Frontera pertenecían a su padre, José Saraiba, fusilado en 1937. En 2020, Paca aportó muestras de ADN para un cotejo genético que nunca se llegó a producir, dejando sin respuesta a una de las últimas supervivientes que recordaba la represión franquista en el Campo de Gibraltar.
Paca nació en San Pablo de Buceite, una pedanía de Jimena de la Frontera. Con nueve años huyó con su familia ante el avance de las tropas sublevadas durante la Guerra Civil. Su padre, José Saraiba, zapatero y guardia municipal, fue detenido y fusilado en 1937. Su madre quedó viuda, embarazada y con varios hijos, una situación de absoluta precariedad.
El Foro por la Memoria Histórica del Campo de Gibraltar inició en 2019 trabajos de exhumación en el cementerio de Jimena. Durante los veranos de 2020 y 2021 se recuperaron restos de 19 personas. Treinta familias, entre ellas la de Paca, aportaron muestras de ADN con la esperanza de identificar a sus seres queridos.
"Paca salió con su familia cuando tenía nueve años. Se fueron con lo puesto, como muchas otras personas, camino de Málaga", explica el investigador Juan León Moriche, del Foro. Ella recordaba perfectamente aquel camino, y siempre estuvo vinculada a los actos de memoria en Jimena.
Los análisis genéticos quedaron pendientes. La Universidad de Granada es la encargada de realizar las comparaciones, pero el proceso está bloqueado. Mientras, las familias continúan esperando. Paca, pese a su avanzada edad y problemas de movilidad, siguió participando en homenajes. En octubre de 2022 acudió al cementerio de San Pablo, donde fueron depositados los restos recuperados, aún sin identificar.
"Es muy frustrante porque las familias han hecho todo lo que tenían que hacer. Han aportado sus muestras, han dado sus testimonios y siguen esperando", lamenta Moriche. Paca deja cinco hijos, que heredan la búsqueda de su abuelo.
Casi 90 años después del asesinato de José Saraiba, la pregunta continúa sin resolver. La muerte de Paca supone la desaparición de una voz directa de aquella generación, pero la memoria de su padre sigue viva en una muestra de ADN que espera respuesta.
