
La OTAN busca frenar el 'Made in Europe' y promover el 'Made in OTAN'
La cumbre atlántica en Ankara del 7 y el 8 de julio dejó una ofensiva diplomática para frenar el Made in Europe y abrir paso a una cooperación más estrecha entre las industrias de Estados Unidos y Europa. En el encuentro, Estados Unidos y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, promovieron un modelo que, en palabras de Rutte, deba ser “realmente Made in OTAN”.
La discusión se centró en la preferencia europea prevista en programas de la Unión Europea para desarrollar una industria militar propia e independiente, entre ellos el fondo SAFE de 150.000 millones de euros, el Programa para la Industria Europea de Defensa (EDIP) y el proyecto del marco presupuestario 2028-2034. Las normas de la UE condicionan el acceso a esos fondos a que “al menos el 65% del coste total de los componentes” empleados en productos de defensa proceda de la UE, Ucrania, el Espacio Económico Europeo o la Asociación Europea de Libre Comercio.
Estados Unidos defendió que parte del mayor gasto en inversión militar europeo se destine a compras de armamento norteamericano, como ha ocurrido hasta ahora. El informe "Tendencias en Trasferencias Internacionales de Armamento 2025" del SIPRI señala que el 58% de las compras anuales de armamento de los miembros europeos de la OTAN proceden de Estados Unidos desde 2016. Además, el porcentaje se ha mantenido estable pese a que el volumen total de importaciones se ha multiplicado por 2,4 respecto al periodo 2016-2020.
El argumento económico fue parte del debate: el texto reproduce que Europa es el principal mercado mundial de exportación de armamento para Estados Unidos (un 38% del total) y que ese volumen se multiplicó por 3,2 respecto al periodo 2016-2020. Rutte reconoció en una entrevista que el actual rearme de Europa sostiene 195.000 empleos en la industria militar estadounidense.
El reglamento del programa SAFE incorpora restricciones para proteger la autonomía de los estados miembros: limita el uso de fondos en compras de armamento sofisticado salvo si el país adquiriente puede modificar el equipo sin restricciones ajenas a la UE en una amplia gama de sistemas. Entre los ámbitos mencionados figuran sistemas de defensa aérea y antimisiles, capacidades marítimas superficiales y submarinas, drones, inteligencia artificial, guerra electrónica y elementos de apoyo estratégico como transporte aéreo, repostaje en vuelo, mando y control y activos y servicios espaciales.
Los embajadores norteamericanos ante la UE y la OTAN, Andrew Puzder y Matthew Whitaker, llevaron a cabo críticas continuadas contra la normativa de preferencia europea por limitar el acceso de las compañías norteamericanas a programas financiados con fondos europeos. Washington sostiene que esa normativa debilitará la capacidad defensiva de la OTAN y dificultará los suministros militares a Europa.
Para contrarrestar la preferencia europea y crear vías alternativas de financiación, la OTAN introdujo en la Declaración de la Cumbre de Ankara la idea de trabajar para “eliminar las barreras comerciales en defensa entre los aliados” y para “maximizar la cooperación industrial en defensa”. En paralelo, la Alianza promueve la creación del Defence, Security & Resilience Bank (DSRB) y aprobó una nueva Estrategia para la Cooperación Industria-OTAN.
Los planteamientos presentados en Ankara combinan reivindicaciones comerciales y consideraciones de control político. Estados Unidos, según el texto, pretende mantener influencia sobre la cadena de suministro y el uso de los equipos vendidos a aliados europeos a través de licencias y autorizaciones. El impulso a mecanismos dentro de la OTAN abre vías para que estados y empresas puedan adquirir armamento y componentes norteamericanos con menos condicionantes que los fijados por la preferencia europea.
En la práctica, la cumbre dejó una referencia explícita en la declaración final y la promoción de instrumentos que podrían ofrecer alternativas a los fondos de la UE y del Banco Europeo de Inversiones. La discusión sobre la preferencia europea frente a un enfoque transatlántico mantiene abiertas las tensiones entre soberanía industrial europea y la cooperación con la industria norteamericana.
El asunto quedó plasmado en medidas concretas adoptadas en Ankara y en las referencias a bancos y estrategias de cooperación industrial, así como en la cita literal de Rutte sobre la necesidad de capacidades “realmente Made in OTAN”. El conflicto entre la normativa de la UE y las propuestas promovidas por Estados Unidos y la OTAN marca el debate sobre el futuro del abastecimiento y la autonomía tecnológica militar en Europa.
En caso de que la información del tema fuera insuficiente, la cobertura disponible en la fuente es limitada y lo indica en una frase: la pieza ofrece los argumentos y las medidas acordadas en la cumbre sin detallar pasos legislativos o decisiones futuras.
