
Esquiroles durante el franquismo: la construcción de una categoría obrera
La categoría de esquirol, utilizada para estigmatizar a los trabajadores que no secundaban huelgas, fue moldeada activamente durante la dictadura franquista a través de la prensa clandestina y los testimonios de militantes sindicales. Entre 1958 y 1977, organizaciones como Comisiones Obreras y el Partido Comunista de España definieron al esquirol como un traidor a su clase, legitimando prácticas violentas contra él. El término, cuyo origen se remonta a una leyenda apócrifa de 1852 en un pueblo de Barcelona llamado L’Esquirol, adquirió una nueva dimensión en el contexto represivo del tardofranquismo.
La definición del esquirol en la clandestinidad
Octavillas y boletines de la época detallaban las características del esquirol. Un panfleto dirigido a los trabajadores de Pegaso en marzo de 1970 distinguía dos tipos: aquellos sin conciencia de clase, que servían a los capitalistas "arrastrándose como sapos", y los que, sabiendo que obraban mal, actuaban por cobardía. A ambos se les consideraba "traidores a su clase" y merecedores de ser "barridos de la sociedad". Otro artículo titulado "Los esquiroles no dan la cara pero ponen el cazo" añadía que el esquirol es "un lameculos egoísta" y "un ignorante" que perjudica a toda la clase obrera. La prensa clandestina insistía en que el esquirol era aquel que, de forma individual, se oponía a una decisión colectiva de huelga, aunque en la práctica la definición se ampliaba a quienes no se sumaban a protestas sectoriales.
Violencia y escarnio público
La lucha contra los esquiroles incluía señalamientos públicos y agresiones físicas. Una octavilla de la Comisión Obrera de SEAT publicó los nombres, direcciones y teléfonos de cinco trabajadores acusados de traición, animando a difundir la lista. En la empresa Costa Font, en febrero de 1973, se enviaron notas a los vecinos de cuatro empleados calificados de "chivatos", pidiendo que les retiraran la palabra. La violencia directa también era habitual: un panfleto de la construcción madrileña relataba cómo a un esquirol "le abrieron la cabeza con un ladrillo", y otro narraba que unos chivatos fueron arrojados por una ventana tras ser descubiertos. Los militantes sindicales justificaban estas acciones como necesarias para mantener la disciplina obrera; un informe de 1970 celebraba la "nueva agresividad" del movimiento obrero contra los rompehuelgas.
Perfil sociológico de los esquiroles
Los trabajadores acusados de esquiroles solían ocupar puestos de responsabilidad, como encargados, capataces o enlaces sindicales, que les impedían sumarse a las huelgas. También destacaban los migrantes nacionales procedentes de zonas rurales, que necesitaban las horas extra para mantener a sus familias y temían las represalias. En el sector metalúrgico, las mujeres eran a menudo señaladas como "estómagos agradecidos" por su pasividad, mientras que en el textil los esquiroles eran principalmente hombres. La edad también influía: los trabajadores mayores, con mentalidad más sumisa, eran vistos como un freno por las generaciones jóvenes que impulsaban la movilización.
La construcción del esquirol como categoría durante el franquismo reflejó las tensiones internas del movimiento obrero en un contexto de represión. La flexibilidad del término permitió a las organizaciones clandestinas presionar a quienes no se alineaban con las protestas, y la violencia contra ellos se consideró un instrumento legítimo de disciplina sindical. Este fenómeno muestra continuidades con el movimiento obrero anterior, aunque los perfiles de los esquiroles variaron según los cambios sociales y económicos de la segunda mitad del siglo XX.
