
Campamento militar griego del siglo II a.C. hallado en Iskandar Tepa
La prospección geofísica ha identificado un campamento militar griego en Iskandar Tepa, ubicado en la frontera entre Bactriana y Sogdiana. Este campamento militar griego presenta un foso perimetral, depósitos de agua y una organización interna que cambia la interpretación previa del yacimiento.
Un equipo arqueológico checo-uzbeko cubrió 3,5 hectáreas con magnetometría y aplicó georradar en 500 metros cuadrados para mapear el asentamiento helenístico. Las anomalías detectadas se verificaron mediante excavaciones selectivas, que demostraron que lo que en 2018 parecía un grupo de vasijas sin estructura era en realidad una instalación defensiva con funciones logísticas.
El rasgo más notable es un foso perimetral que rodea la cima de la colina: mide unos 400 metros de longitud y encierra un área de aproximadamente 1,2 hectáreas. El foso tiene entre 3 y 5 metros de ancho, con una profundidad medida entre 85 centímetros y 1 metro desde el nivel actual del suelo, y un fondo plano de 170 centímetros de anchura.
Las excavaciones en dos tramos del foso, identificados como IT21-01 e IT21-05, mostraron además que las paredes no eran simétricas: la interior presenta una ligera protuberancia y la exterior se escalona en dos gradas de unos 20 centímetros de alto y 50 de ancho. El relleno del foso registró escasos fragmentos cerámicos en las capas más profundas, lo que apunta a depósitos eólicos iniciales y a una mayor presencia de cerámica en capas superiores por erosión interna.
Dentro del perímetro, la magnetometría detectó numerosas anomalías circulares negativas que resultaron ser grandes vasijas de almacenamiento conocidas como khums, enterradas hasta el cuello. Tres de estas vasijas excavadas en 2021 conservaban alturas de hasta un metro y diámetros superiores a los 70 centímetros. Los rellenos mostraron capas de ceniza, costras calcáreas y sedimentos arcillosos, lo que sugiere que contuvieron líquidos, probablemente agua.
Los arqueólogos interpretan la posible existencia de un canal en la ladera norte como fuente de abastecimiento, aunque también consideran la recogida de lluvias estacionales similar a las sardobas medievales. El número y tamaño de las vasijas indican que el suministro de agua fue un elemento importante para la función del asentamiento.
Dos conjuntos de fosas ovaladas aparecen en los extremos este y oeste de la colina, junto al foso: 32 en el lado este y 57 en el oeste. Estas fosas, de unos 2 metros por 1,5 metros, se interpretan como enterramientos que datan del periodo de transición entre el dominio griego y los Kushán (siglo I a.C. – I d.C.), y en algunos casos se superponen al interior del antiguo campamento.
La combinación de topografía defensiva, planta irregular, protección mediante foso exterior y la ausencia de construcciones permanentes llevó a los investigadores a reinterpretar el sitio. "La topografía del sitio, su disposición, su uso temporal y sus características defensivas sugieren su reinterpretación como un campamento militar griego de corta duración", afirman los responsables del estudio.
Para contextualizar el hallazgo, se comparó Iskandar Tepa con Boysari Tepa, situado a 28 kilómetros al suroeste de Samarcanda. Boysari presenta un foso perimetral de unos 4,5 metros de ancho y 0,8 metros de profundidad que rodea 1,18 hectáreas, y en su interior solo se hallaron agujeros de poste sin restos de construcciones permanentes. La datación sitúa Boysari en el helenismo temprano (finales siglo IV – principios siglo III a.C.), mientras que la ocupación principal de Iskandar Tepa se atribuye al siglo II a.C., con posible continuidad hasta el siglo I a.C.
El estudio subraya la eficacia de las técnicas geofísicas en el entorno semiárido de Asia Central: al superponer los magnetogramas sobre fotografías históricas se detectaron el foso, las fosas funerarias y el canal, elementos invisibles a simple vista y en imágenes de satélite convencionales. Los autores concluyen que las mediciones geofísicas "pueden ampliar significativamente nuestra comprensión de su forma y función globales, pero también facilitar el establecimiento de la estratigrafía horizontal".
El material recuperado en prospecciones superficiales incluye monedas atribuibles a los reyes grecobactrianos Diodoto I, Eutidemo I y Demetrio I, así como abundante metalurgia y cerámica que apoyan la datación al siglo II a.C. La datación por radiocarbono no ha sido posible debido a la mala conservación de las muestras.
El proyecto, financiado con fondos europeos y checos, mantiene la investigación abierta: el equipo continuará el análisis del material metálico y otros estudios para profundizar en la naturaleza y cronología del asentamiento. El hallazgo convierte a Iskandar Tepa en un referente para la detección de campamentos helenísticos en la región y en un ejemplo de cómo la geofísica puede revelar estructuras hasta ahora ocultas bajo la superficie.
En resumen, la nueva imagen del yacimiento transforma la interpretación previa y presenta a Iskandar Tepa como un sitio con funciones defensivas y logísticas, seguido por un uso funerario en fases posteriores, según los datos arqueológicos y geofísicos disponibles.
