Alt-Cómo Alejandro, de 81 años, ganó la batalla a quedarse en su casa en Madrid

Cómo Alejandro, de 81 años, ganó la batalla a quedarse en su casa en Madrid

Cómo Alejandro, de 81 años, ganó la batalla a quedarse en su casa en Madrid

Alejandro Ibáñez, de 81 años, ha logrado una victoria judicial que le permite permanecer en su vivienda pública en La Latina, Madrid, después de que el Ayuntamiento ordenara el desalojo total del edificio alegando obras de rehabilitación. Los tribunales dictaminaron que el consistorio no presentó pruebas técnicas que justificaran la necesidad de vaciar el inmueble, lo que ha sido interpretado como un triunfo de la resistencia vecinal sobre la imposición administrativa.

Alejandro es el último residente de los apartamentos municipales para mayores San Francisco. Hace dos años, el edificio contaba con 60 vecinos, pero en 2024 el Ayuntamiento decretó el desalojo urgente para realizar unas obras que, según afirmaba, solo podían ejecutarse con el edificio vacío. Sin embargo, nunca se mostró ninguna prueba de los supuestos daños estructurales. Alejandro siempre sospechó que había intereses políticos y eclesiásticos detrás, ya que el terreno se encuentra en una zona donde la Iglesia había planeado construir un "Mini Vaticano", proyecto que fue frenado por una asociación vecinal hace veinte años.

La lucha de Alejandro

Alejandro nació en Obejo, Córdoba, en plena Guerra Civil, hijo de un padre que fue encarcelado en un campo de concentración franquista. Creció en un entorno represivo y encontró en el toreo una vía de escape, aunque su sueño de ser torero se desvaneció. Más tarde, trabajó en la construcción y en astilleros en Países Bajos, donde participó en una huelga que paralizó una fábrica durante doce días. Esa experiencia, dice, le recordó a su situación actual: "Me negué a irme".

La justicia dio la razón a Alejandro la semana pasada, al considerar que el Ayuntamiento no demostró que las obras fueran necesarias, adecuadas y proporcionadas. El auto judicial señala que no se presentó ningún informe técnico que explicara los riesgos de vivir en el edificio ni por qué las obras no podían realizarse por fases. El abogado de Alejandro, Víctor Palomo, afirmó: "Se podría alegar que el ayuntamiento no ha seguido el procedimiento, que no se han hecho las cosas como se deberían de hacer, y por tanto, podemos decir que aquí ha habido unos intereses políticos".

La asociación vecinal AV La Chispera, que ha respaldado a Alejandro, destacó que su resistencia no fue un gesto individual, sino "la defensa de algo elemental y colectivo: que ninguna administración puede arrasar derechos". El caso ha tenido repercusión mediática y se ha convertido en un símbolo de la lucha por la vivienda pública en Madrid.

Alejandro, pese a la soledad de ser el único residente, se muestra firme: "Siempre supe que íbamos a ganar. Por eso sigo aquí. Porque si dejamos de luchar, nos lo quitarán todo". Con el apoyo de sus vecinos, espera que las obras de rehabilitación comiencen pronto. Mientras tanto, mantiene su rutina de paseos por el Parque de la Cornisa y sigue viviendo en su hogar, el lugar donde, como dice, "moriré de pie".