Alt-Europa transforma el Estado del bienestar en Estado de guerra

Europa transforma el Estado del bienestar en Estado de guerra

Europa transforma el Estado del bienestar en Estado de guerra

Fabian Scheidler describe un proceso en el que las crisis permiten la expansión de poderes excepcionales y la aceleración de la militarización. El autor advierte que ese movimiento tiende a transformar el Estado social en un Estado de guerra.

Fabian Scheidler, nacido en Bochum en 1968, articula esa tesis en su libro El estado de guerra y la lucha por un nuevo orden de paz (Icaria). En su diagnóstico identifica un patrón político que atraviesa eventos distintos y recurrentes: atentados, pandemias y conflictos internacionales se convierten en palancas para reforzar el poder ejecutivo y favorecer intereses privados.

La argumentación arranca de una observación concreta: desde los atentados del 11 de septiembre hasta la guerra de Gaza, pasando por la pandemia y la invasión rusa de Ucrania, se repite una lógica que legitima medidas excepcionales. Scheidler subraya cómo esas medidas no solo amplían facultades estatales, sino que también facilitan la transferencia de recursos públicos hacia grandes corporaciones y al complejo militar-industrial.

El autor señala la pandemia como un ejemplo paradigmático porque puso en juego una retórica bélica que modificó el debate público. Cita la frase pronunciada por un líder europeo, "en guerra contra el virus", y recuerda que esa retórica se utilizó además para contener movilizaciones sociales que cuestionaban el orden político.

Esa instrumentalización de crisis tiene consecuencias estructurales. Scheidler vincula la tendencia a los estados de excepción con una crisis sistémica del capitalismo que, a su juicio, es visible al menos desde 2008. En este marco, los rescates bancarios y los subsidios estatales se convierten en mecanismos habituales para sostener grandes corporaciones, mientras se mantiene la austeridad para la mayoría de la población.

El libro analiza también decisiones políticas concretas en Europa: cambios legales y constitucionales que permiten mayor endeudamiento cuando se destinan fondos a la militarización, mientras que persisten límites para el gasto social. Scheidler menciona un titular que resumía esta lógica: "Europa tendría que recortar su Estado del bienestar para construir un Estado de guerra".

Un patrón recurrente y sus beneficiarios

El diagnóstico insiste en tres consecuencias interrelacionadas: ampliación del poder ejecutivo, fortalecimiento del complejo militar-industrial y flujo de recursos públicos hacia intereses privados. En varios pasajes se describe cómo distintas crisis han servido para este fin:

  • Atentados del 11 de septiembre
  • Pandemia y su retórica de guerra
  • Invasión rusa de Ucrania
  • Guerra de Gaza

En la exposición aparece con claridad la idea de que no se trata siempre de planes preconcebidos, sino de una capacidad de las élites para instrumentalizar acontecimientos traumáticos en favor de intereses establecidos.

Scheidler advierte sobre la paradoja política: mientras se eliminan restricciones para el gasto militar, se mantiene la austeridad en áreas sociales. Esa reasignación de prioridades, afirma, puede erosionar los fundamentos materiales del Estado del bienestar europeo.

Frente a ese diagnóstico, el autor plantea la necesidad de recuperar la paz como eje político de la izquierda y construir coaliciones que articulen paz, justicia social y límites al poder corporativo. Señala experiencias de movilización desde abajo —bloqueos de envíos, protestas contra instalaciones del complejo militar— como indicios de resistencia, aunque reconoce que aún no constituyen un movimiento masivo.

Scheidler también aborda la dimensión internacional: la declinación de la hegemonía occidental y la emergencia de una posible multipolaridad no garantizan la paz y pueden incluso aumentar la conflictividad. En su análisis, la relación entre Estado y capital en diferentes países puede ofrecer trayectorias distintas, pero no exime del riesgo de confrontación en periodos de transición hegemónica.

El autor plantea, por último, que superar la deriva militarista requiere una articulación política amplia que conecte diplomacia, ampliación del Estado social y control del poder corporativo. El cierre de su argumento insiste en que, sin esa reorientación, los recursos necesarios para abordar la crisis climática y otras urgencias desaparecerán: todo está conectado y la militarización compite por los mismos recursos.

En conjunto, el libro propone distinguir un patrón político que reutiliza crisis para expandir poderes excepcionales y modificar prioridades públicas, y reclama una respuesta política que recupere la paz y la protección social como objetivos centrales.