
Limpieza de quirófanos: el primer eslabón en la sanidad
El equipo de limpieza del CHUAC reivindica que la limpieza de quirófanos es condición imprescindible para que la cirugía funcione con seguridad. Sus miembros relatan protocolos, ritmos de trabajo y la responsabilidad que implica dejar un quirófano listo tras operaciones con agentes infecciosos.
La historia médica recuerda que antes de 1847 las infecciones causaban tasas de mortalidad de entre un 10 y un 35 % en parturientas en clínicas obstétricas, y que el uso del hipoclorito cálcico —hoy conocido como cloro— contribuyó a reducir esas muertes por debajo del 1 %. A pesar de ello, la labor de higienizar espacios sanitarios sigue siendo en gran medida invisible, según relatan las propias trabajadoras.
En el CHUAC un grupo humano aproximado de cerca de trescientas personas se encarga de la limpieza en distintas funciones. En el turno de tarde, Belén, Isabel, Sandra y Yolanda asumen la higienización de quirófanos tras el “baile” de operaciones de la mañana y para preparar las intervenciones de urgencias de la tarde. Fran, que suele apoyar como refuerzo y es el único hombre habitual en el equipo, no trabaja ese día por las circunstancias del paro en la sanidad.
Belén, que lleva cinco años en la desinfección de quirófanos, describe limpiezas de contacto en espacios concretos, como el quirófano 18, y explica cómo actúan cuando aparece un agente infeccioso: revisan paredes, techos y mobiliario y empapan las ruedas de los aparatos móviles en desinfectante. Afirma que hoy tienen dos intervenciones con agentes infecciosos y que, en ocasiones, pueden llegar hasta «cuatro o cinco». En su rutina introduce pequeños trucos de experiencia: «Normalmente, esta bayeta no se pone en el mojador, pero yo se la pongo para que no se queden pelos».
El ritmo impuesto por los quirófanos genera tensión: hay que actuar con rapidez sin sacrificar la calidad. Yolanda, con dos años en el puesto, detalla que limpiar un quirófano exige «sesenta y pico minutos» para repasar pliegues, superficies y rincones; ese tiempo choca a veces con la demanda de entrada inmediata. Los quirófanos 17 y 14 suelen ser prioritarios por estar reservados a urgencias, explican las limpiadoras.
Isabel, con seis años en la función, describe la dificultad de algunos espacios donde hay sangre en paredes y techos y la necesidad de una limpieza casi general. En alguna ocasión ha tenido que entrar en plena intervención —por ejemplo, durante una amputación— para permitir que la cirugía continuase, aunque puntualiza que no es habitual. También menciona el problema de manchas resistentes: «El betadine incluso con estropajo es complicado que salga».
Sandra, que cumple un año en el hospital tras trabajar años como empleada de servicio doméstico, valora los protocolos que exige el puesto y la posibilidad de aprendizaje constante. Recorre bloques y quirófanos con su carro y explica la distribución de especialidades: neurología, cirugía vascular, general o trasplantes aparecen en su jornada. Para ella, el trabajo tiene significado y dureza: «Siempre digo que como falle la limpieza, el hospital no funciona. No puede. Creo que no se valora como se debería». Esta frase resume la reivindicación del grupo sobre reconocimiento y valoración.
Un trabajo invisibilizado pero estructurado
La limpieza en quirófanos combina técnicas, tiempos y coordinación con el resto del equipo sanitario. Los puntos clave que señalan las trabajadoras son:
- Revisión y desinfección de paredes, techos y suelos tras operaciones con agentes infecciosos.
- Atención específica al mobiliario y a las ruedas de aparatos móviles, empapándolas en desinfectante.
- Priorización de quirófanos reservados a urgencias y ajuste de tiempos para no retrasar operaciones.
- Protocolos distintos a la limpieza doméstica que requieren formación y disciplina.
La pieza subraya además que la mejora histórica de la higiene —desde el lavado de manos en el siglo XIX hasta el uso de antisépticos— tuvo efectos decisivos en la reducción de muertes por infecciones. Aun así, las trabajadoras perciben que su oficio no alcanza el reconocimiento profesional ni la visibilidad que merece.
El testimonio colectivo muestra camaradería: Erica pasó del puesto de limpiadora a supervisora y mantiene buena relación con el equipo; no hay envidia, sí orgullo y solidaridad. El grupo funciona como una piña y cada miembro destaca la importancia de hacerlo bien, especialmente en lugares como traumatología, donde las intervenciones largas dejan restos difíciles.
El cierre sintetiza el estado actual: la limpieza de quirófanos en el CHUAC es un eslabón clave para la asepsia y la seguridad en cirugía, ejecutado por un equipo que asume presión, responsabilidades y protocolos cotidianos, y que reclama mayor valoración social y profesional de su labor.
