
Samuel Trabanco: perdió la voz seis años por un crédito
Samuel Trabanco recuerda que perdió la voz seis años después de que el banco retirara la financiación de la empresa familiar y se quedaran “sin un duro”. La conversación repasa su infancia en Llavandera, la expansión de Sidra Trabanco y el golpe económico que marcó su vida.
Samuel Trabanco Menéndez nació en Gijón y creció en la parroquia de Llavandera, donde aprendió desde niño a trabajar en el llagar familiar. Relata tareas de la infancia —pañar manzanas, lavar botellas, llevar manzana al llagar— y la influencia de su abuelo Emilio Trabanco, fundador del negocio que luego sería Sidra Trabanco.
A los catorce años ya trabajaba como ayudante en el llagar y acompañaba a repartir sidra por localidades como Villaviciosa, Avilés y La Felguera. Con el tiempo ampliaron la actividad: cuando él asumió la gestión en 1988 la producción subió de 300.000 litros a 700.000 litros, y más adelante alcanzaron más de 2 millones de litros tras abrir la llamada Bodega del Túnel.
La apuesta industrial exigió inversiones y riesgos. En torno a 1990 la empresa estaba afectada por un crédito de 175 millones de pesetas. Ese endeudamiento, junto con una obra “faraónica” y otra bodega para vinagre, dejó a la familia expuesta: el restaurante y propiedades familiares quedaron como avales y el gerente asumió el mayor peso del riesgo.
Trabanco describe cómo la relación con la entidad financiera se tensó cuando las subvenciones aparecieron como pagarés y el banco, en lugar de liberar efectivo, las restó del crédito disponible. "Me dejaron sin un duro para pagar a los proveedores", señala, y confiesa la consecuencia personal: "Y ahí dejé de cantar, perdí la voz seis años." En su relato aparecen la angustia por los compromisos y el temor por los bienes de sus padres y su tío.
Además de la sidra, la trayectoria de Trabanco incluye la hostelería: construyó y abrió Casa Trabanco en 1983, que funcionó intensamente durante años y le dio fama por platos como la chuleta de buey y el bacalao al pil pil. Señala influencias y consejos recibidos de amigos de San Sebastián para consolidar la oferta gastronómica.
La historia familiar y societaria también queda reflejada: la empresa pasó de su abuelo al tío y al padre, y luego a la siguiente generación; cada uno de los cinco primos posee un 20% de la sociedad. La transición generacional y las decisiones de expansión marcaron el salto productivo, pero también multiplicaron el riesgo financiero.
Su afición por la música es recurrente en sus recuerdos: canta boleros en locales de Cimadevilla, y cuenta anécdotas como la de ayudar a un intérprete en la plaza de Santa Ana en Madrid. Sobre su manera de entender la música en la calle dice: "ese soy yo" cuando recuerda que no le da vergüenza cantar con los que tocan en el Metro.
Los avances productivos y la puesta en marcha de nuevas instalaciones convivieron con episodios de máxima tensión financiera. El bloqueo del crédito por parte del banco y la conversión de subvenciones en pagarés redujeron la liquidez, lo que obligó a afrontar situaciones límite para hacer frente a proveedores y pagos.
Datos clave del relato:
- Producción inicial en la bodega: 300.000 litros.
- Incremento tras su llegada: 700.000 litros y después más de 2 millones de litros.
- Crédito comprometido en la inversión: 175 millones de pesetas (en torno a 1990).
- Estructura societaria: cinco primos, cada uno con 20%.
A lo largo de su trayectoria, Trabanco combina la gestión del negocio con la hostelería y la música, y subraya los costes personales del periodo más duro: el silencio forzado durante años y la preocupación por mantener la empresa y las garantías familiares. El relato termina con la constatación de que el riesgo asumido en la expansión tuvo efectos directos sobre la actividad y la vida personal del gerente.
